Cómo manipula Israel los ‘planes de urbanización’ para apoderarse de tierras palestinas

Matt Broomfield / Palestine Monitor, 5 de octubre de 2016 — Para los aldeanos que se defienden de las excavadoras militares en el Área C de Cisjordania, conseguir que las autoridades israelíes aprueben un plan de urbanización es un sueño imposible. De los aproximadamente 100 planes de urbanización que han sido propuestos a la Administración Civil israelí entre 2012 y 2016, solo tres han sido aprobados. De todas formas, los residentes de los pocos pueblos cuyos planes han sido aprobados dicen que todo es una farsa.

Como una zanahoria colgando delante de las bocas de los aldeanos, los planes de urbanización son utilizados luego como un palo para mantener a raya a los palestinos. Dos terceras partes de Cisjordania está clasificada como Área C, ocupada bajo control militar israelí. Unos 150.000 palestinos se ganan la vida en ese área, donde construir sin permiso israelí es de facto ilegal. Comparten sus tierras con medio millón de colonos israelíes, que pueden construir con absoluta impunidad.

La carretera que atraviesa el valle del Jordán de norte a sur divide en dos los pueblos palestinos. En un lado, los agricultores del Área B viven en casas modestas de hormigón. En el otro, frágiles tiendas de campaña y casas hechas de adobe se diseminan por el Área C, en un territorio cada vez más pequeño. Columnas de un humo acre provocado por fuegos de basuras se desplazan con el viento, mientras vehículos militares israelíes se mueven por las colinas.

Fasayil es uno de esos pueblos, dividido por los Acuerdos de Oslo y cercado por ilegales asentamientos israelíes. Una única calle asfaltada discurre entre casas de adobe y de hormigón encalado, antes de desaparecer abruptamente cuando el pueblo se convierte en desierto.

Musa, un campesino fornido, cubierto con una gorra, una barba impresionante y una voz ensordecedora, me recibió en una de las viviendas que se asoma al desierto. En un rincón de su inmaculada sala de estar, un televisor muestra una vista aérea de los peregrinos del Hach. Mientras hablamos, los peregrinos que, vestidos de blanco, dan vueltas alrededor de la Kaaba comienzan a parpadear y acaban por desaparecer. El corte de luz hace que Musa interrumpa nuestra conversación y llame por el móvil lanzando improperios.

Cuando vuelve la luz, Musa me explica que, aunque Fasayil está en el Área B, su casa está en Fasayil al Fauqa, un pueblo del Área C. Los vergeles de los asentamientos israelíes son claramente visibles desde Al Fauqa, a una distancia de un kilómetro de la tierra árida en la que los aldeanos palestinos tienen prohibido cultivar o construir. Palmeras y pozos profundos absorben el agua, manteniendo las piscinas de aguas cristalinas de los colonos y regando sus huertos rebosantes de productos listos para ser vendidos en los mercados.

Quince años después de la firma en 1994 de los Acuerdos de Oslo, las autoridades israelíes presentaron a los aldeanos, por fin, un plan de urbanización. Pero, como no incluía infraestructuras tales como una escuela y un centro de salud, los residentes de Fasayil al Wusta tuvieron que abandonar sus casas y trasladarse a Al Fauqa.

“Esa es la razón por la que los israelíes nos dieron un plan”, dice Musa. “Para confiscar nuestras tierras y encerrarnos en una gran cárcel”. Musa cree que el plan solo tenía el objetivo de acorralar a los palestinos en un único lugar y permitir, así, que los asentamientos israelíes cercanos expandieran sus lucrativos cultivos agrícolas.

Más al sur, los planes de urbanización forman parte de un proyecto aún más ambicioso de trapacería geopolítica. Suliman Zayid es el jefe de la comunidad beduina de Ein al Duyuk al Fauqa. Me cuenta que él y su familia de 17 miembros “vivimos como soldados en unos barracones”, apiñados en viviendas de baja calidad “que son verdaderos frigoríficos en invierno y hornos en verano”.

El calor sofocante que se acumula bajo los tejados de chapa ondulada ha obligado a Suliman y sus hijos a dormir a la intemperie, bajo las estrellas. Pero esto también tiene sus peligros: con buen humor, Suliman imita la repentina aparición de una serpiente que sale del matorral desértico y sus intentos por vencerla con su zapato. “Ciertamente, no es seguro”, añade.

A la familia de Suliman le ofrecieron, de nuevo, la oportunidad de construir legalmente según la ley israelí… si abandonaban sus ancestrales tierras, que caían fuera del plan de ordenación del área. “Es una estrategia israelí para controlar a las familias [beduinas]”, dice. “Incluso cuando te ofrecen un plan de urbanización, no te dan espacio suficiente para construir para tu familia o para que pasten tus ovejas”.

Suliman tiene motivos para sospechar. La reubicación de 150 familias beduinas de la localidad de Al Yabal ha “destruido su tejido social y su base económica”, dice un informe de la ONU. Plagado de “gases tóxicos … incendios de superficie … ratas, manadas de perros [y] cucarachas” de un vertedero cercano, los beduinos de Al Yabal se enfrentan a graves riesgos de enfermedades.

De acuerdo con el plan E1 de Israel, los límites de Jerusalén se extenderán hasta unirse con nuevos y preexistentes asentamientos judíos, creando una zona de pleno control israelí que llegará hasta el Mar Muerto y la frontera con Jordania. Además de cortar Cisjordania en dos, el plan desplazará a miles de beduinos.

El plan de urbanización ofrecido a Suliman formaba parte de este esquema más amplio, siendo en realidad un incentivo para que abandonara sus tierras y las dejara listas para su apropiación por la colonización israelí.

Vivir en el Área C sin un plan de urbanización es duro. Según Suliman, “si, por ejemplo, construyes un gallinero, los israelíes vienen y lo destruyen”. Su hijo utiliza el visor de mi cámara para señalar los edificios de familiares y amigos situados en las colinas de los alrededores, todos ellos demolidos por los israelíes o pendientes de demolición.

Pero lejos de ser actos inusitados de generosidad de los tribunales israelíes, los planes de ordenación tienen el objetivo de reestructurar áreas de importancia estratégica para la colonización israelí.

Esos planes colocan a aldeanos como Suliman y Musa en un dilema brutal: renunciar a sus casas para servir a los intereses políticos israelíes o aceptar el estatus de intruso ilegal en tus propias tierras.

“Elijas lo que elijas”, dice Suliman, “tu vida será más difícil”.

Fuente: How Israel manipulates “master plans” to seize Palestinian land

Traducción: Javier Villate (@bouleusis)

Javier Villate

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