Cuando esperar ha pasado a formar parte de tu identidad

Sani P. Meo

Durante décadas he visto las colas de los palestinos que viven en Jerusalén Este esperando a que abran las puertas del Instituto de Seguridad Nacional. Literalmente, llueva o haga sol, las interminables colas están ahí día tras día esperando a que se abran las puertas.

Lo mismo sucede en la única oficina que tiene el ministerio israelí del interior en Jerusalén Este. Si eres uno de los más de 300.000 “afortunados” palestinos que viven en la ciudad, tienes que armarte de paciencia en las largas colas que esperan para entrar en la oficina con el fin de registrar cualquier modificación de tu estatus social o cívico o de solicitar cualquier tipo de permiso, sea para viajar o para establecer tu residencia. Si necesitas renovar tu carné de identidad, registrar tu matrimonio o el nacimiento de tu hijo/a, o notificar un cambio de domicilio, por ejemplo, ¡el ministerio del interior es tu Meca!

Cierto, todo país civilizado necesita tener registros de sus ciudadanos (o de sus residentes permanentes, en nuestro caso), pero no es ningún secreto que la escena es diferente en el caso de los ciudadanos israelíes de Jerusalén Oeste.

También es cierto que, independientemente del lugar en el que vivas en este planeta, esperar se ha convertido en una parte ineludible de nuestras vidas. En los semáforos en rojo, en las colas de las cajas o en las salas de espera del médico, esperamos. Sin embargo, me atrevo a decir que en Palestina esperar tiene un algo distinto que lo convierte en parte integral de la identidad palestina.

Menos mal que los teléfonos inteligentes hacen más soportables las horas de espera que los palestinos tienen que aguantar frecuentemente para cruzar un puesto de control. Los gazatíes esperan semanas e incluso meses para que Egipto abra la frontera de Rafah, que solo permanece abierta unos pocos días cada vez. Las familias de los presos políticos palestinos cuentan los días que faltan para ver a sus hijos, hermanos e hijas.

Sin embargo, probablemente la más dolorosa es la agonizante espera de la devolución del cuerpo sin vida del hijo asesinado, que puede ser de meses. Y desde luego, el tipo de espera más duradero es el de los refugiados palestinos, que llevan esperando desde 1948 el regreso a sus hogares.

La mayoría de los palestinos esperan que Fatah y Hamas lleguen a un entendimiento para superar una división que dura ya seis años y que está desgarrando a Palestina.

Algunos niños y agricultores esperan que se abran las puertas del muro de separación para ir a sus escuelas y para cultivar sus tierras.

Los palestinos se han especializado en muchas otras clases de espera, pero ninguna se asemeja a la espera de la paz y la justicia.

En conjunto, los palestinos llevan décadas esperando paz y justicia. ¡Y hoy todavía siguen esperando! La paciencia es, en efecto, una virtud y sembrar semillas requiere paciencia y la previsión esperanzada de que algo realmente valioso germinará. Pero la paciencia palestina se está acabando en todos los frentes. A menos que suceda algo, y pronto, que alivie la presión sobre la gente, la actual situación podría conducir a una explosión. La capacidad de espera de los palestinos tiene, lógicamente, un límite.

Fuente: When Waiting Becomes an Identity - This Week In Palestine

Traducción: Javier Villate (@bouleusis)

Javier Villate

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