Descolonizar el vocabulario de los derechos humanos de los palestinos

La realidad actual de los derechos humanos no empezó en 1993 ni en 1967, sino con la emergencia de la colonización sionista de Palestina. Las organizaciones de derechos humanos no encontrarán una solución si la enfocan de otra manera
Un agente de la policía israelí de fronteras examina el carné de identidad de un palestino. (Foto: Mati Milstein)

Amyad Alqasis / The Nakba Files, 13 de octubre de 2016 — Las prácticas y las políticas israelíes son una combinación de apartheid, ocupación militar y colonización. Este régimen no solo afecta a los palestinos que viven en los territorios palestinos ocupados de Cisjordania y la Franja de Gaza, sino también a los que residen en el lado israelí del armisticio de 1949, así como a los que viven en el exilio forzado. De hecho, el tratamiento que Israel da a los palestinos no judíos en Israel, Cisjordania, Gaza y la diáspora constituye un régimen discriminatorio comprehensivo dirigido a controlar la mayor cantidad posible de territorio con la menor cantidad posible de palestinos indígenas.

Muchas organizaciones palestinas de derechos humanos, sin embargo, limitan su quehacer únicamente a los territorios ocupados en 1967 o a Israel, conformándose, así, a las categorías legales impuestas por los israelíes, con las que pretenden aislar a unas áreas de otras. Algunos grupos circunscriben su intervención de forma todavía más restrictiva: por ejemplo, solo a Cisjordania, o solo a la Franja de Gaza, o solo al Área C de Cisjordania o solo a Jerusalén Este. Cuando restringen así su ámbito de actuación, los grupos de derechos humanos de los territorios palestinos ocupados en 1967 están confirmando, en realidad, la noción de que el problema que están tratando de combatir está confinado solamente a las áreas ocupadas en 1967. De hecho, las organizaciones que limitan sus actuaciones a esos territorios únicamente suelen tomar como punto de partida implícito la firma de los Acuerdos de Oslo en 1993, que consolidaron la separación entre Gaza y Cisjordania.

Sin embargo, las realidades con que nos enfrentamos todos no se originaron en 1993 ni en 1967. Surgieron con la colonización sionista de Palestina —que es el punto de partida de la “cuestión” palestina— y debería ser reconocido así cuando se trata de buscar una solución. Ninguna organización encontrará una solución —y ni siquiera se acercará a ella— si cree o pretende creer otra cosa.

Categorías de fragmentación impuestas a los palestinos por Israel (Infografía de Visualizing Palestine)

La práctica de dividir geopolíticamente a los palestinos se inició en 1948. Israel necesitaba cortar las relaciones y vínculos existentes entre los palestinos, y lo hizo así por medio de la Nakba, que desgarró el tejido social de la sociedad palestina. Todos los palestinos, incluyendo aquellos que lograron permanecer en el territorio que se convirtió en el estado de Israel, tenían una hermana, un primo, un tío, un cuñado o un vecino que fue obligado por la fuerza a abandonar su casa, sus tierras y sus propiedades. Después de cortar esas relaciones entre las personas y las comunidades, Israel mantuvo la dispersión geográfica de los palestinos prohibiéndoles volver a sus casas e imposibilitando los lazos sociales con los palestinos que se encontraban en los denominados “estados enemigos”, estados árabes en los que se refugiaron la mayoría de los palestinos que se vieron obligados a huir. Lentamente, con el paso del tiempo, esos vínculos sociales se perdieron y el aislamiento geográfico facilitó la creación de divisiones políticas.

La terminología es otro factor clave en la estrategia colonial clásica del ‘divide y vencerás’, produciendo nuevas divisiones políticas desarrolladas en base a la fragmentación física. Pero lo más preocupante es que, muy a menudo, nos encontramos utilizando la terminología creada por los israelíes ya que, para decirlo brevemente, Israel domina el discurso. Por ejemplo, Israel considera que los drusos son una nacionalidad distinta de los árabes, y hay ONGs palestinas del interior de Israel que funcionan con estos parámetros y tratan exclusivamente con “pueblos drusos” y “municipios drusos”. Esto es así porque Israel aplica marcos legales, presupuestos y departamentos ministeriales distintos para estas comunidades y, de esa forma, han empujado a los palestinos a adoptar el enfoque correspondiente.

Además, los beduinos palestinos del Neguev (Naqab) están colocados en una categoría administrativa independiente, que fue empleada deliberadamente por Israel para separarles de los demás palestinos mediante embustes. Lamentablemente, los palestinos utilizamos también el término “beduinos” como una clasificación diferente. Sin embargo, el desplazamiento de los beduinos palestinos del Neguev está claramente vinculado con el desplazamiento forzoso a lo largo y ancho del territorio del Mandato Británico, incluyendo los millones de refugiados palestinos que viven actualmente en el exilio y que tienen prohibido volver a sus casas y lugares de origen.

Así las cosas, el trabajo de los grupos de derechos humanos no debería estar delimitado arbitrariamente por las actuales fronteras jurídicas. Tenemos que entender la Nakba palestina en curso como una lente para desarrollar un enfoque holístico que cruce esas fronteras y reconozca que la lucha incluye a todos los palestinos y a todos los territorios del Mandato Británico. Esta visión, que enmarca, guía y unifica el lenguaje de nuestros análisis, es vital para nuestro trabajo y la lucha palestina por la libertad, la liberación y los derechos humanos.

Como organizaciones y activistas de los derechos humanos, tenemos que ser más cuidadosos con la forma en que articulamos la realidad a través de la terminología que empleamos. Si la sociedad civil palestina busca luchar contra el proceso de desplazamientos forzosos, no deberíamos estratificar a nuestro pueblo sino, más bien, emplear un lenguaje que ayude a construir una lucha común contra un proyecto colonial que pretende borrar la presencia de la comunidad palestina indígena en esta tierra. No debemos apoyar, ni siquiera de forma indirecta, este tipo de destrucción del pueblo palestino aceptando las divisiones confeccionadas por el poder colonial. Tenemos que controlar nuestro propio discurso y desafiar la hegemonía local e internacional de la narrativa israelí.

Por consiguiente, las organizaciones de derechos humanos tienen que enfatizar siempre las dos dimensiones del tiempo y el espacio. Con respecto al ‘tiempo’, hay que afirmar que la situación actual está directamente relacionada con —y es una continuación de— lo que sucedió en 1948 o incluso antes. Y con respecto al ‘espacio’, tenemos que reconocer que lo que está pasando hoy en Belén, Yenín, Gaza y Jerusalén está ocurriendo también en Haifa, Yafa, Iqrith y el Neguev.

Amyad Alqasis es doctor en derecho internacional y es miembro de BADIL, una ONG que ofrece apoyo jurídico a los palestinos. Desde 2014, es asesor del Centro Al Haq de Derecho Internacional Aplicado. Ha publicado varios artículos e investigaciones sobre diferentes temas relacionados con el conflicto palestino-israelí.

Fuente: Decolonizing the Vocabulary of Palestinian Human Rights Work | The Nakba Files

Traducción: Javier Villate (@bouleusis)

Javier Villate

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