Dima, niña palestina de doce años

Nekane Lauzirika / Deia, 19 de septiembre de 2016 — Mis doce años sonaban a muñecas, juegos, estudiar aprobar-suspender, protestar, pedir la paga, cambios hormonales, mis primeras miradas sensuales a hurtadillas… todo menos ser responsable, porque a esos años son consustanciales la inestabilidad y la inmadurez; es decir, la irresponsabilidad supina en el mejor mundo posible. La infancia es una enfermedad de felicidad que se cura con la edad, me decían. Mis doce olían a final de infancia con toques de adolescencia camino hacia esa juventud que desembocaría en la madurez allá por los… bueno, jurídicamente a los 18 años. Pero ni siempre fue así ni en todos los países es esa la frontera de la madurez.

Dima ha estado presa en una cárcel de Israel hasta hace poco acusada de intento de homicidio. Sería “solo” una más de las miles de presos/as palestinas en cárceles israelitas si no fuera porque tenía doce años cuando la condenaron. Dejando aparte las ignominiosas razones por las que encarcelan o simplemente retienen durante meses/años a un palestino/a con o sin juicio, lo de Dima y centenares más de niños/as palestinas de 12-16 años, “menores” según las leyes internacionales que suscribe Israel, es algo tan legal en ese país como ocultado y negado, porque saben que es un atroz intento de eliminación de palestinos de la que también es su tierra. La Alemania especular de los cuarenta del siglo pasado. Sus leyes aplicadas al apartheid palestino, permiten detener y condenar con cárcel a menores por el simple hecho de tirar una piedra a un soldado fuertemente armado que con frecuencia responde con fuego real.

Y desde los países occidentales silencio, permisividad, cuando no complicidad y hasta complacencia, mientras se pone la lupa sobre delitos similares e incluso muchísimo menos graves en otros países. España compra armas en Israel y en menor medida se las vende, con una sola suspensión de estas ventas, que sepamos. Mientras Europa rechaza a Turquía empujándola a los brazos de Putin, a Israel, país geográficamente asiático, lo tratan como europeo casi de pleno derecho: competiciones deportivas, tratados comerciales, control de pasaportes (nosotros; no al revés)… Nos venden sus kiwis, naranjas, su tecnología, sus armas… sin ningún problema. EE.UU. les acaba de “regalar” 38.000 millones de dólares para armamento. Es un país democrático, aducen; seguramente sí para sus ciudadanos adeptos, pero no para los palestinos aherrojados a sangre y fuego cual filisteos idólatras.

Sé que criticar a Israel podría provocar que el lobby judío dejase a este periódico sin papel para imprimirse, pero es difícil callar y seguir comprando las naranjas de sus “Kibutz” radicados en tierras palestinas usurpadas mientras detienen y condenan a niños/as de 12 años como adultos. Porque los niños/as palestinos también son niños, y no me resigno a aceptar que dentro de varias generaciones cambien las tornas y a ellos les apliquen de nuevo su ley del Talión.

Fuente: Dima, niña palestina de doce años. Deia, Noticias de Bizkaia

Javier Villate

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