El espíritu del Tsahal

Israel ejecutó a docenas de prisioneros de guerra, según el diario ‘Haaretz’. Como en otros casos que implican al Ejército “más moral del mundo”, la investigación posterior queda en nada
Foto colgada por un soldado israelí en su Instagram de un niño palestino en la mirilla de su fusil. INSTAGRAM

Joan Cañete Bayle / ctxt, 21 de septiembre de 2016 — Publica una exclusiva el diario Haaretz sobre que el Ejército de Israel ejecutó a docenas de prisioneros de guerra que se habían rendido, alguno de ellos heridos, en el transcurso de una de las guerras acontecidas en las primeras décadas de su existencia. El texto es vago, no cita cuándo sucedió el crimen de guerra ni la nacionalidad de los ejecutados. Pese a que Aluf Ben, el respetado periodista autor de la información, afirma que se trata de "uno de los crímenes de guerra más graves en la historia del IDF [Ejército de Defensa de Israel en sus siglas en inglés, Tsahal en el acrónimo hebreo]", y que el Ejército israelí "lo encubrió y lo silenció", la noticia ha pasado bastante desapercibida.

No están los tiempos en Israel como para cuestionarse demasiado el papel del Ejército por algo sucedido "en las primeras décadas del nacimiento del Estado", cuando no hace mucho, por ejemplo, en su discurso con motivo del día de homenaje a las víctimas del Holocausto, el vicejefe del Estado Mayor del IDF, el mayor General Yair Golan, dijo, refiriéndose al país y al Ejército: "Si hay algo que me asusta acerca del recuerdo del Holocausto, es encontrar entre nosotros hoy en 2016 señales de los repugnantes procesos que se dieron en Europa y en Alemania 70, 80, 90 años atrás".

Se abre una investigación interna que suele acabar en nada o casi nada y así, hasta la próxima.

El texto de la noticia de Aluf Ben acaba así: "Hacer públicos los detalles hoy es importante para entender la historia de la ética de combate del IDF y para aprender lecciones de liderazgo, educación y de mando cara el futuro". Con este párrafo, Ben repite uno de los mantras habituales cuando se hace público que el IDF comete algún exceso: hay que reflexionar y aprender de ello para que no vuelva a suceder, porque  el IDF es "el Ejército más moral del mundo". Se abre a continuación una investigación interna que suele acabar en nada o casi nada (en el caso que denuncia Aluf Ben, el oficial que ordenó las ejecuciones fue juzgado y sentenciado a "una pena ridícula" y su superior, ascendido) y así, hasta la próxima.

El ritual se ha escenificado en infinidad de ocasiones porque la lista de excesos es muy larga. El proceso está encapsulado en una frase famosa de Golda Meir en la que define no ya el espíritu del Ejército, sino del propio país: "Cuando llegue la paz quizás con tiempo seremos capaces de perdonar a los árabes por haber matado a nuestros hijos, pero será más difícil para nosotros perdonarlos por habernos obligado a matar a sus hijos". A muchísimos de estos niños a los que se refería Golda Meir los ha matado el Ejército del Estado hebreo.

El Tsahal es uno de los Ejércitos más poderosos del mundo. Su misión es "Defender la existencia, la integridad territorial y la soberanía del Estado de Israel, proteger a los habitantes de Israel y la lucha contra todas las formas de terrorismo que ponen en peligro la vida cotidiana". En el denominado espíritu del Tsahal, se llama a sí mismo "defensivo a nivel estratégico, sin ambiciones territoriales". Sin embargo, a grandes pinceladas, la historia del IDF desde su fundación en 1948 puede dividirse en dos fases. Una primera anexionista, la que va desde 1948 a 1967 en la que el Estado de Israel crece a base de guerras con sus vecinos (que Israel aún hoy llama en defensa propia) desde el territorio que le da el Plan de Participación de la ONU hasta la ocupación de toda la Palestina histórica más el Sinaí y el Golán.

Y una segunda como fuerza de ocupación, básicamente de los territorios palestinos ocupados en la Guerra de los Seis Días. En esta segunda fase se suceden conflictos de diferente naturaleza, como la guerra del Yom Kippur, la del Líbano o, más recientemente, los enfrentamientos con Hizbolá. Dos ideas más sobresalen en el 'Espíritu del Tsahal': que Israel no puede permitirse perder ni una sola guerra y que la fuerza con la que actúa el Estado hebreo debe ser tan disuasoria que sus enemigos se lo pensarán dos veces antes de atacar.

El IDF es uno de los pilares de la sociedad israelí y del proyecto sionista. Todos los ciudadanos israelíes (con excepciones significativas, como los religiosos o los palestinos con ciudadanía israelí) cumplen tres años de servicio militar obligatorio. Después pasan a la reserva, donde pueden ser movilizados para maniobras o para participar en conflictos bélicos. Los rangos del Tsahal nutren la vida pública del país, siendo muy habituales los militares que se pasan a la política, en partidos de izquierda y derecha. En las calles de las localidades israelíes es habitual ver a los jóvenes con el uniforme y su inseparable fusil. Un soldado está al servicio de la comunidad, como la propaganda se encarga de repetir de forma continua. Es el Tsahal, pues, una mezcla de un alto nivel de profesionalización militar, grandes medios, milicia popular, enorme peso político y prestigio social.

Iman tenía 13 años y murió después de que un capitán israelí vaciara en su cuerpo un cargador entero.

El Ejército es también la primera línea de la ocupación. La justicia militar es la que rige en los territorios ocupados, y el palestino de a pie conoce sobre todo a dos tipos de israelíes: el militar y el colono. En muchas ocasiones, dado el propio carácter del Tsahal, el militar y el colono son lo mismo. Los soldados que lidian con los palestinos allí donde coinciden, en los check points, o en la calles de Hebrón, o en Gaza antes de los acuerdos de Oslo, suelen ser chavales muy jóvenes, armados hasta los dientes con poder, literalmente, sobre la vida de los palestinos. A pie de check point, resulta muy difícil creer en uno de los mandatos del 'Espíritu del Tsahal': "Los soldados están obligados a proteger la dignidad humana. Cada ser humano tiene valor, independientemente de su origen, religión, nacionalidad, sexo, estatus o posición".

El trabajo en los territorios ocupados de ONG's israelíes como B'Tselem, Breaking the Silence, Yesh Din y Machsomwatch llevan años documentando, denunciando y difundiendo estos abusos. Se da a pie de calle de la ocupación un abuso de baja intensidad, en muchas ocasiones mezquino y ruin, perfectamente documentado, e impune. Tan solo hace falta darse una vuelta por las redes sociales para encontrar docenas de vídeos e historias que se dan a diario desde hace años. El Tsahal y la sociedad israelí se retroalimentan mutuamente, así que no es de extrañar que a medida que la sociedad israelí va cayendo en una deriva extremista que hay quien llama fascista, los "accidentes aislados" de abusos a civiles palestinos aumentan.  La respuesta del Tsahal es anunciar comisiones internas de investigación y abrir grandes debates sobre la relación entre el individuo y el conjunto. Justo lo que Aluf Ben escribe en su último

Un daño endémico

Iman al Hams tuvo una comisión de investigación. Iman tenía 13 años y murió en Rafah en el 2004 después de que un capitán del Ejército israelí vaciara en su cuerpo un cargador entero de su arma, 17 balas. Tras un largo proceso de investigación interna en el IDF y un juicio militar, el capitán acabó ascendido a mayor. En marzo del 2016, el soldado Elor Azaria mató de un disparo en la cabeza a Abdel Fattah al-Sharif, un palestino que estaba tumbado en el suelo, malherido. La ejecución fue grabada por un voluntario de la ONG  B'Tselem. Binyamin Netanyahu llamó al padre del soldado y le dijo: "Confía en la investigación del Ejército". En el juicio, los cargos al soldado fueron rebajados de asesinato a homicidio involuntario. El 16 de marzo del 2003 la activista estadounidense Rachel Corrie murió en Rafah atropellada por una excavadora del Ejército. La investigación militar concluyó que el conductor no vio a la muchacha y que esta murió por golpes no producidos por la excavadora.

Y así sigue una amplísima lista. "El daño a los palestinos [bajo ocupación], incluyendo casos de violencia y tiroteos  que resultaron en herida o muerte, es endémico a la ocupación, que lleva en vigor casi 50 años", se lee en el informe de B'Tselem The Occupation's Fig Leaf: Israel's Military Law Enforcement System as a Whitewash Mechanism, en el que se denuncia que las investigaciones internas del Ejército son un gran "mecanismo de encubrimiento". Como lo que sucedió en las primeras décadas de vida del Estado de Israel con la ejecución de esos prisioneros de guerra que denuncia Ben Aluf en el Haaretz. Entre otros motivos, estas comisiones de investigación no van a ningún lado porque el cuerpo de abogados que investiga son los mismos que previamente han asesorado a los soldados sobre cómo deben actuar. Es decir: el Tsahal se investiga a sí mismo y la gran mayoría de las veces, oh sorpresa, o se encuentra inocente o se castiga con penas muy leves.

Los soldados cuelgan en las redes fotos y vídeos de lo que hacen, humillación de mujeres, niños en la mirilla del fusil.

Lo mismo sucede en las operaciones militares a gran escala. La de Gaza del verano del 2014 mereció que el informe de la ONU acusara al Ejército israelí de haber cometido "crímenes de guerra". La misma acusación recaía sobre los grupos palestinos considerados internacionalmente como terroristas. Basta tan solo repasar la historia del Tsahal para encontrar desde su fundación multitud de episodios oscuros, desde episodios de limpieza étnica hasta multitud de víctimas civiles en acciones militares indiscriminadas en los territorios ocupados y en el Líbano, pasando por el uso de munición prohibida y el habitual recurso al castigo colectivo a la población civil.

De vez en cuando, aparece algún vídeo como el de Elor Azaria en Hebrón, o los propios soldados (que no dejan de ser en muchos casos jóvenes que estrenan la veintena) cuelgan en las redes sociales fotos y vídeos de lo que ven y de lo que hacen, humillación de mujeres en check points, niños en la mirilla del fusil del francotirador. Es cierto que la presión a la que los soldados de cualquier Ejército se ven sometidos en combate es muy alta. También lo es que ninguna organización está libre de que algún individuo (o muchos individuos) transgredan las normas, pero cuando alguien transgrede las normas no lo publicita, ni lo retuitea o es recibido como un héroe en su pueblo. Cuando alguien vulnera normas que no deben romperse se esconde, no lo hace a la vista de todo el mundo. Si las normas se rompen en público, es porque o bien esas normas no existen o bien porque reina una impunidad generalizada.

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Joan Cañete Bayle es periodista y escritor. Redactor jefe de 'El Periódico de Catalunya'. Fue corresponsal en Oriente Medio basado en Jerusalén (2002-2006) y Washington DC (2006-2009). Su última novela publicada, de la que es coautor, se titula 'Expediente Bagdad' (Siruela, 2014).
@jcbayle

Fuente: El espíritu del Tsahal | ctxt.es

Editado por dnp

Javier Villate

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