El palestino Mahmud Darwish: Poeta exiliado

Una mirada latinoamericana al legado del gran poeta nacional palestino, que prefirió el verso en lugar del fusil.
Alejandro Hamed Franco. Foto Fernando Ponzetto.

Juan de Marsilio / El País, 7 de octubre de 2016 — ALEJANDRO Hamed Franco (Asunción, 1934) es casi tan interesante como el tema de esta entrevista. Es hijo de un comerciante y poeta sirio. Guitarrero de alma, integró el conjunto paraguayo Amerindia. Vivió en el Egipto de Naser trabajando en radio y televisión. Ha difundido la cultura latinoamericana en países árabes colaboró en la traducción del poeta paraguayo Elvio Romero al árabe, que prologó y ha sido un difusor de la literatura árabe y en especial de la poesía palestina. Casado con una uruguaya, reside en Montevideo. Diplomático, fue canciller de su país bajo la presidencia de Fernando Lugo, y nos cuenta de una de sus pasiones, la poesía del palestino Mahmud Darwish que, entiende, puede ser puente entre culturas sobre todo en el conflictivo Medio Oriente.

De dos mundos

¿Cómo lo presento, Hamed?

Diga que soy un hombre de dos mundos, convencido de que pueden entenderse y vivir en paz. Sobre todo soy un latinoamericano. En cuanto a mis labores ponga que soy un hombre de la cultura que disfruta enseñar lo que sabe. Que de chico era un “hijo de turco” que quería integrarse con los otros niños, que hablaban guaraní. Así que me conseguí una pelota y ya se sabe, del dueño de la pelota… Aún hablo y canto en guaraní sin problema.

¿Es musulmán?

Lo era mi padre. Yo no reniego de esa tradición, pero no soy religioso practicante.

¿De veras cree posible la armonía entre lo árabe y lo occidental?

Por supuesto. Claro que hay que restañar muchas heridas que dejó el colonialismo anglofrancés en Oriente Medio. También se debe combatir el fundamentalismo fanático y violento, que es injustificable. Y los estereotipos occidentales sobre los árabes, que no son todos musulmanes, y el Islam, en el que los árabes son minoría, y los fundamentalistas, árabes o no, más minoría aún. Quien lo explica muy bien es el intelectual palestino Edward Said en su libro Orientalismo. Y el poeta palestino Mahmud Darwish bien puede ser un buen puente entre ambas culturas.

¿Cómo es eso?

Para empezar, porque Darwish es heredero de un movimiento literario de fines del siglo XIX y primera mitad del XX, la “Nahda” palabra que podríamos traducir como “Renacimiento” que a la vez que jerarquiza la lengua árabe, se abre a la rica tradición mítica islámica y judeocristiana, pero recibe también influencias europeas. Fíjese, por ejemplo, que hay en la zona una fuerte presencia de cristianos ortodoxos griegos, muy vinculados con Rusia, que introdujeron a Tolstoi y Dostoyevski, nada menos.

¿Y cómo le llega a Darwish?

Se pueden reconocer influencias extra palestinas: Neruda, García Lorca, Saramago. Pero además está la actitud de Darwish hacia las religiones ancestrales que se cruzan en la región. Las asume como una riqueza cultural a integrar, no como un factor de división, de odio. Porque el poeta combate por su patria ocupada, incluso con ira, pero sin odiar.

Deme un ejemplo de eso.

Fíjese en “Carné de identidad”, uno de sus poemas más militantes y más conocidos, ese en el que el palestino pobre le insiste al funcionario israelí con lo de “Escribe que soy árabe”. Es evidente que está enojado, porque lo han despojado de su tierra y en ella lo oprimen, pero deja bien claro que no aborrece a nadie.

Es una poesía social, militante, pero cuando trata el tema del exilio, por ejemplo, hay una densidad existencial…

Claro. Porque es un exilio absoluto. Para empezar, este poeta es un niño de la “Nakba”, el “Desastre”, como le llaman la mayoría de los palestinos a la imposición violenta del Estado de Israel en 1948. Fíjese que la familia de Darwish huye por un año al Líbano y al volver no encuentra su aldea porque la han arrasado con topadoras. Lo que era una población es tierra arada. Y ajena, porque el dominio lo tienen otros.

Darwish comienza a hacer política en el Partido Comunista de Israel.

Es verdad. No olvidemos que las ideas de izquierda entraron a Palestina, en cierta medida, con la población de origen judío europeo. Pero cuando Darwish asume posiciones más nacionalistas, sus dificultades con el gobierno israelí, incluyendo períodos de prisión, aumentan. Y eso empezó temprano. El poeta cuenta que a los doce años era el primero de su clase en la escuela y en el día de la Independencia de Israel fue llamado a leer un poema. El texto trataba sobre el sufrimiento cotidiano de la población árabe en el nuevo Estado. No gustó. Tanto que el niño fue convocado a recibir una reprimenda en el despacho del gobernador militar israelí de Galilea. Ahí se dio cuenta de que la poesía debía ser algo muy poderoso.

Por eso su tierra natal es un tema y un símbolo importante en su poesía.

Sin duda. Uno de sus mejores poemas se titula “Enamorado de Palestina”. Se ve el amor y el dolor por la patria, que es como una mujer hermosa y dolida, un paraíso, un edén perdido pero a la vez irrenunciable y por reconquistar. Es ese poema que empieza con eso de: “Tus ojos son una adorada / y dolorosa espina en el corazón./ Que preservo del viento,/ y que clavo muy hondo,/ más allá del dolor y de la noche.”

O sea que siempre está exiliado y siempre está en su patria, se halle donde se halle.

Eso mismo. Por eso uno de sus poemarios se titula En presencia de la ausencia. Por eso, también es que, aunque sea muy árabe y muy palestino, puede ser sentido por lectores de otras culturas. Y aunque sea un poeta social, que no puede andar escribiendo de los pajaritos porque su pueblo sufre y muere, nunca es superficial ni panfletario.

La ternura

Llega a ser incluso tierno. En especial con la mujer.

Sí, es cierto, y pese a andar de cárcel en clandestinidad y de escondrijo en exilio, amando de prisa, lo amoroso llega a su poesía con gran delicadeza. También en el tratamiento de las escenas cotidianas, de infancia. Vea este poema, muy conocido, que dedica a su madre: “Añoro el pan de mi madre, / el café de mi madre,/ las caricias de mi madre…/ Día a día, / la infancia crece en mí/ y deseo vivir porque/ si muero, sentiré/ vergüenza de las lágrimas de mi madre.” O esos otros, en el que el hombre se disculpa, casi infantil, con la madre o la esposa por llegar tarde, y resulta que la causa de la demora es que lo han asesinado. Pero ya que me habla de la mujer, aprovecho para decir que, aunque hay mucho por andar aún, las mujeres árabes han dado y dan la lucha por sus derechos. Con éxitos incluso. Como cuando el “desvelo” de las egipcias. Ganaron con un argumento de base religioso, afirmando que la mujer no era ni más ni menos pecaminosa que el hombre, pues también Adán había sido expulsado del Edén, y no Eva sola.

Cuando Darwish afirma su fe en la victoria final de su pueblo y la caída del poder opresor, más que a bravuconada suena a sabia paciencia, a calma…

Es que los habitantes de ese rincón del mundo tienen una tradición varias veces milenaria en eso de ver subir y caer imperios. Por eso es que en “Carné de identidad” el hablante afirma que sus raíces, como las del ciprés y las del olivo, se hunden hasta el inicio de las eras. Pero también esto otro: “…que espero con paciencia en un país/ en el que todo existe airadamente”.

¿Qué le recomendaría a un lector uruguayo que quisiera conocer a Darwish?

Que empiece por “Carné de identidad”. Ahí está todo el dolor, la dignidad y la belleza de su poesía.

NOTA: En el Cultural No. 945 se publicaron poemas de Darwish de su libro Estado de Sitio con traducción inédita de Ioram Melcer. En el No. 1257 otros de su libro En presencia de la ausencia, traducidos por L. Gómez García.

Fuente: Poeta exiliado | Noticias Uruguay y el Mundo actualizadas Diario EL PAIS Uruguay

Editado por dnp

Javier Villate

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