Esto sólo pasa en la Palestina ocupada

En ausencia de cualquier iniciativa política seria, y ante la determinación presentada por Israel para mantener su ocupación y dominio sobre los palestinos, sólo es razonable esperar que la actual Intifada pueda continuar en el futuro.
Soldados israelíes golpean a un palestino tras una persecución policial en Hebrón, el pasado 20 de Septiembre de 2016.

Daud Abdulah / MEMO, 8 de octubre de 2016 — Tras una visita a Hebrón en 1996, el gran académico palestino Edward Said escribió: “La situación actual no puede durar mucho, hay demasiadas desigualdades e injusticias en el corazón de la vida de los palestinos”. Dos décadas después, no hay un final a la vista de las miserables condiciones por las que Said se lamentaba. Al contrario, han ido a peor.

Ni siquiera la controvertida decisión del presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abás, de asistir al funeral del ex presidente de Israel, Simón Peres, fue suficiente para lograr una ligera suspensión del tormento diario que viven los palestinos en los Territorios Ocupados. Inmediatamente después de su regreso a Ramala, Israel declaró a Tel Rumeida, un barrio en la gobernación de Hebrón,  “zona militar cerrada”.

Como sucede siempre que se imponen tales cierres, los estudiantes y residentes palestinos que intentaban asistir a sus clases o dedicarse a sus asuntos diarios fueron instados a regresar a sus casas hasta que los 600 colonos judíos  que viven en Hebrón hubieran observado sus festividades religiosas. Se espera que estas celebraciones duren varios días, por lo que la antigua Mezquita de Abraham también fue cerrada a los fieles musulmanes durante seis días.

Al igual que sus compatriotas musulmanes, a los que se les niega sistemáticamente el acceso a sus mezquitas, los cristianos palestinos en Belén y Jerusalén también debe solicitar permisos para el observar el culto en sus iglesias, de las cuales están separadas por un alto muro de “seguridad”, de ocho metros e altura . Antes de la creación del Estado de Israel en 1948, los cristianos eran el 18% de la población de Palestina. Hoy en día, representan menos del 1,5 %. Por razones de corrección política, los políticos occidentales y líderes de la Iglesia han hecho la vista gorda a las verdaderas causas de este éxodo; y han elegido  buscar una cabeza de turco en una supuesta “persecución por parte de los musulmanes”. Esto es un evidente sinsentido en el caso de Palestina, pero que juega a favor de Israel.

En Hebrón, la vida está lejos de ser normal para sus 200.000 habitantes palestinos en el mejor de los casos. Todos los aspectos de su vida se ven ensombrecidos por las actividades de los colonos, que ahora residen ilegalmente entre ellos, con plena protección militar de las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF). Los palestinos deben lidiar con los bloqueos de carreteras y horribles checkpoints militares que inundan la ciudad vieja y sus alrededores. Informes recientes confirman que más de 1.000 apartamentos residenciales han sido abandonados por el acoso que afecta a la población palestina local. Esto era totalmente predecible; ya que el objetivo de la clausura de más de 800 empresas locales por parte de Israel era provocar exactamente esto – hacer la vida tan insoportable para los locales para que se vayan yendo “por voluntad propia“. En la terminología sionista, esto se conoce de forma más bien siniestra como “transferencia silenciosa”.

En otras partes de la Cisjordania ocupada, el sistema de desigualdad e injusticia descrito por Edward Said no es menos opresivo. La comunidad mayoritariamente agrícola de Kalkilia está prácticamente rodeada por el muro del apartheid de Israel, con los agricultores separados de sus tierras. Más de 170.000 hombres, mujeres y niños están bloqueados de manera similar por el muro de Belén. El ex presidente estadounidense Jimmy Carter se mostró escandalizado cuando supo que los palestinos debían obtener permisos de “residencia permanente” de las autoridades de ocupación para poder seguir viviendo en sus propios hogares.

No se necesita mucho esfuerzo para reconocer las similitudes entre el sistema de permisos israelí y la denostada Ley de Tránsito de la Sudáfrica del apartheid. Del mismo modo que era ilegal que los africanos negros accedieran a las designadas como “zonas blancas” en Sudáfrica, también es ilegal que los palestinos de Cisjordania o la Franja de Gaza accedan a Jerusalén, por ejemplo, sin permiso militar. En la actualidad, la regla general es que sólo los a los mayores de 45 años o más se les concede un permiso. Si bien existen, por supuesto, diferencias y matice entre ambas legislaciones, el jurista sudafricano John Dugard ha señalado que las características comunes entre el apartheid de Sudáfrica y su versión israelí son la discriminación, la represión y la fragmentación territorial.

En estas condiciones represivas y degradantes era sólo cuestión de tiempo que una tercera Intifada estallara en los Territorios Ocupados. La determinación de Israel de apoderarse de la tierra palestina a base de asentamientos; la clausura y profanación de templos religiosos y las ejecuciones extrajudiciales han generado una mezcla explosiva que ha alimentado la Intifada durante el año pasado. El gran número de colonos (más de medio millón) y los puestos de control militares diseminados por toda Cisjordania (más de 500) también generan las condiciones propicias para que la ira y el descontento se propaguen.

A lo largo de su larga lucha contra la colonización sionista, los palestinos han protagonizado varios levantamientos. Una vez en marcha, nunca han sido fáciles de reprimir. Siendo claramente la parte más débil del conflicto militar y políticamente, los palestinos han sufrido en cada intento de rebelión pérdidas humanas y materiales incalculables. Sin embargo, cada nueva generación ha considerado la Intifada como un precio a pagar por su liberación de la brutal ocupación militar israelí.

El origen y el devenir de las revueltas han sido siempre impredecibles. Esto es especialmente cierto en la actualidad ya que no hay una sola facción política que dirija o coordine claramente las acciones sobre el terreno. En ausencia de cualquier iniciativa política seria, y ante la determinación presentada por Israel para mantener su ocupación y dominio sobre los palestinos, sólo es razonable esperar que la actual Intifada pueda continuar en el futuro. En este sentido, Edward Said estaba en lo cierto: no habrá fin a los esfuerzos de los palestinos para acabar con este sistema de desigualdad e injusticia, de una manera que sólo ocurre en la Palestina ocupada.

Fuente: Esto sólo pasa en la Palestina ocupada – Monitor De Oriente

Editado por dnp

Javier Villate

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