Gaza: Atrapados ‘entre vallas’

Estas fronteras no solo están trazadas de forma artificial, sino que además ponen de relieve la locura absoluta que supone cercar a toda una población en la cárcel al aire libre más grande del mundo, simplemente porque Israel necesita mantener una mayoría demográfica judía
Trabajadores palestinos recuperan materiales de construcción cerca del puesto fronterizo de Erez, en el norte de la Franja de Gaza, el 11 de mayo de 2014. (Foto: Ryan Rodrick Beiler / Activestills.org)

Yehad Abú Salim

Los días de verano son largos, pero en Gaza son todavía más largos, más de lo que uno podría imaginar. Se alargan aún más cuando los suministros de electricidad e internet se cortan, que es la mayor parte del tiempo. Esta ha sido mi pesadilla diaria desde que Israel impuso su bloqueo sobre la Franja de Gaza en 2007. Para escapar del mismo, podías leer o visitar a un amigo con quien charlar, pero cuando el clima se vuelve más caluroso y húmedo, la energía para hacer cualquiera de esas cosas se evapora.

Uno de esos días calurosos y húmedos fui a la azotea de mi casa por aburrimiento. Aunque no era la primera vez que miraba el paisaje desde el tejado en mi casa de Deir al Balah, unos pensamientos y reflexiones hicieron que ese día fuera inolvidable. Miré al este y allí estaba la frontera entre la Franja de Gaza e Israel. Miré al oeste y allí estaba el mar. Las dos fronteras eran visibles desde donde estaba y, entre ellas, la escena familiar de innumerables casas deslucidas que se extendían a ambos lados.

En ese momento, recordé uno de los famosos dichos comunes utilizados por los palestinos de Gaza para referirse a la franja: estamos atrapados “min al silik ila al silik” (entre vallas). Este simple dicho resume la actual realidad de Gaza: un lugar cercado, rodeado de callejones sin salida y, en su interior, un mar de seres humanos enjaulados que sobreviven casi sin esperanza o futuro alguno. Estos pensamientos nunca me han abandonado. Me persiguieron la mayor parte del tiempo que pasé en Gaza, donde observé cómo la franja se superpoblaba más y más.

“Entre vallas” es una expresión bastante sencilla y, sin embargo, refleja el espacio geográfico habitado por los palestinos. Para ellos, la “valla” es la manifestación más horrenda de la conquista sionista de 1948 y de su continuidad hasta el presente. La valla es una barrera física que fue impuesta por una fuerza externa, que divide lo que los palestinos de Gaza consideran que es su territorio histórico y que les impide retornar a sus ciudades y pueblos de origen. La valla es un recordatorio constante de la ruptura provocada por la guerra de 1948, que obligó a huir a muchos palestinos de ciudades y pueblos que ahora están en el estado de Israel.

Aun cuando algunos gazatíes se refieren a la línea del armisticio de 1949, pocos se refieren a ella como una frontera. La gran mayoría habla de al silik (la valla, la cerca). Para los palestinos de Gaza, la valla evoca la Nakba [la limpieza étnica de 1948, N. del T.], la lucha de los refugiados y la ocupación. La valla, como barrera física que impide el retorno de los refugiados, fue el comienzo de la tragedia. Hoy, es su continuación. Y puesto que la valla causó el problema, la solución debe incluir su eliminación. La valla es la historia que los palestinos de Gaza nunca han querido olvidar, y ninguna cantidad de ayuda podrá inducirles a hacerlo.

Una alambrada de púas y, tras ella, el muro fronterizo, que puede verse a lo largo de la frontera de Erez, situada en el norte de la Franja de Gaza. (Foto: Anne Paq / Activestills.org)

El elemento central del contexto histórico que está detrás de la realidad actual de Gaza es la Nakba (Catástrofe) de 1948. La Nakba no es un hecho histórico del pasado, sino la historia viva del presente: de las estrechas callejuelas de los superpoblados campos de refugiados, de las mujeres que dejan sus humildes casas de los campos cada mañana para recoger los paquetes de ayuda alimentaria, de los niños descalzos que juegan al fútbol en la playa de Gaza y de las tierras de pueblos despoblados situados justo más allá de la valla y que son visibles desde los tejados de los campos de refugiados. La Nakba sigue estando presente en Gaza, no solo por la perpetuación de los campos de refugiados, sino también por la continuidad de la ruptura que causó.

Cuando se firmó el armisticio de 1949, ya habían llegado a la Franja de Gaza alrededor de 200.000 refugiados, que se reunieron en ocho campos de acogida. A diferencia de muchos de los refugiados que huyeron a los países árabes vecinos, los recién llegados a Gaza nunca estuvieron muy lejos de sus lugares de origen. Muchos podían ver sus pueblos a través de la línea del armisticio.

En 1950, el parlamento israelí aprobó la Ley del Retorno, que permite únicamente el “retorno” de los judíos a Israel, mientras que su política hacia los refugiados palestinos diseminados a lo largo de las fronteras y la línea de demarcación es clara: nunca se les permitirá volver.

Después de la Guerra de los Seis Días de 1967 y del comienzo de la ocupación y de la administración militar israelí, a estos refugiados se les permitió viajar a Israel con permisos especiales. De esta forma, pudieron por fin ver de nuevo sus ciudades y pueblos de origen, pero, por supuesto, nunca se les ha permitido regresar de forma permanente.

La historia posterior a la Nakba muestra que los refugiados palestinos de Gaza se opusieron a la línea de demarcación. Para ellos, la tierra situada más allá de esa línea formaba parte del paraíso perdido al que generaciones de refugiados anhelaban volver. En cuanto a los primeros refugiados, hizo falta que pasara el tiempo para que comprendieran que la línea era prácticamente infranqueable. Los intentos de los refugiados de cruzarla y volver a sus ciudades y pueblos, incluyendo los de los agricultores que trataban de cultivar sus tierras, fueron brutalmente enfrentados por los residentes de los kibbutzim y los puestos militares israelíes situados cerca de la línea de demarcación, provocando la muerte de muchos palestinos.

En esos años, la línea del armisticio empezó a convertirse en una frontera de enfrentamientos y resistencia, a pesar de su carácter artificial. Posteriormente, tomó la forma física de una valla, una valla que quedará grabada en la memoria colectiva palestina como un monumento material y simbólico de la ruptura y de la desconexión territorial y emocional.

Metáforas tales como “entre vallas” mantienen viva en la memoria de los palestinos de Gaza —tanto de sus refugiados como de sus habitantes originales— la pérdida, la tragedia y la anormalidad de la valla que divide su territorio y les impide regresar. Estas fronteras no solo han sido artificialmente establecidas e impuestas por la fuerza, sino que ponen de relieve la locura más absoluta que supone cercar a toda una población en la prisión al aire libre más grande del mundo, simplemente por el hecho de que Israel necesita mantener una mayoría demográfica judía.

El hecho de que la crisis de Gaza podría resolverse mañana mismo si se les reconociera a sus refugiados —que constituyen una mayoría de su población— el derecho a retornar a sus pueblos y ciudades es algo completamente ignorado en el discurso humanitario. La tragedia de Gaza debe ser comprendida por la intensidad de la pérdida, sobre todo porque en la situación de Gaza, lo que se perdió está a tiro de piedra de muchos refugiados, que todavía pueden ver sus pueblos y ciudades a través de la valla.


Yehad Abú Salim, originario de Deir al Balah, en la Franja de Gaza, está preparando su doctorado en la Universidad de Nueva York como partícipe de un programa conjunto de estudios históricos judíos y hebreos.

Una versión de este artículo fue publicada originalmente en The Nakba Files como parte de “The Nakba & the Law”, un proyecto conjunto del Centro de Estudios Palestinos de la Universidad de Columbia y el Centro Jurídico Adalah de Derechos de la Minoría Árabe de Israel. El artículo es un extracto de un ensayo que ha aparecido en Gaza as Metaphor, un nuevo volumen editado por Helga Tawil-Souri y Dina Matar.

Fuente: Trapped ‘from fence to fence’ in Gaza | +972 Magazine

Traducción: Javier Villate (@bouleusis)

Javier Villate

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