¿Ha renunciado el ministro de defensa israelí a acabar con Hamas?

El humo se eleva tras un ataque aéreo israelí contra la Franja de Gaza, horas después de que un cohete lanzado desde el enclave palestino cayera en la ciudad israelí de Sederot. La fotografía está hecha desde el lado israelí de la frontera, el 5 de octubre de 2016. (Foto: REUTERS / Amir Cohen)

Ben Caspit* / Al Monitor, 10 de octubre de 2016 — Un cohete Qassam cayó el 5 de octubre en la ciudad de Sederot, en el sur de Israel, a solo unos metros de la casa del alcalde, Alon Davidi. Afortunadamente, no hubo que lamentar daños importantes y nadie resultó gravemente herido, a pesar de que dos personas tuvieron que ser atendidas por sendos shocks. La batería de defensas antimisiles de la Cúpula de Hierro no lanzó ningún misil para interceptar el cohete, quizá debido al escaso radio de acción de los Qassam.

Esa misma noche, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) llevaron a cabo una serie de ataques aéreos, en su mayor parte contra objetivos específicos de Hamas en la Franja de Gaza. El día siguiente por la tarde, otro cohete Qassam fue lanzado desde Gaza y cayó en terreno abierto de Israel, sin que produjera víctimas humanas. Las toneladas de explosivos disparados contra Gaza por la fuerza aérea israelí durante toda la noche, entre un ataque palestino y el otro, no tuvieron ningún efecto disuasorio. Los ecos de las explosiones de las bombas israelíes se oyeron en toda la Franja de Gaza. Sin embargo, en un gesto de desafío, la ronda de bombardeos terminó con el lanzamiento del último cohete.

Esta ha sido la primera vez, desde la operación Margen Protector del verano de 2014, que se han disparado contra Israel dos cohetes Qassam en un periodo de tiempo tan corto. Aquella operación redujo los lanzamientos de cohetes a un mínimo histórico. Esta paz y tranquilidad fue posible por las nuevas reglas instituidas entre Israel y Hamas desde la campaña Margen Protector y una especie de coexistencia estable que ha tomado forma entre Israel y la organización terrorista que aspira a destruirlo.

Estos ataques con cohetes, incluyendo los dos del fin de semana, no fueron lanzados por Hamas. Al contrario, Hamas está haciendo todo lo que puede para impedir esos ataques. Detrás de ellos están las denominadas “organizaciones de delincuentes” o “grupos recalcitrantes”, principalmente salafistas y otras organizaciones creadas bajo la influencia del Estado Islámico. Estos grupos operan en los márgenes de la Franja de Gaza y no obedecen a Hamas.

Un pequeño grupo salafista llamado Ahfad Sahaba Aknaf Beit al Maqdis reivindicó los lanzamientos de los cohetes. Según el grupo, el ataque fue un acto de protesta contra los arrestos de activistas de su organización llevados a cabo por Hamas. Israel, por su parte, sigue diciendo que Hamas es el poder soberano en la Franja de Gaza y, por tanto, debe pagar por cada proyectil que se dispare desde ella.

En este contexto, ha emergido una extraña situación. Hamas no ataca a Israel, sino que intenta detener el lanzamiento de cohetes e, incluso, ha creado una unidad especial encargada de impedirlo. Sin embargo, sigue pagando un alto precio por cada uno de estos ataques. Por el contrario, los grupos salafistas tienen dos razones para celebrar todo esto: siguen disparando impunemente contra Israel y, además, perjudican indirectamente a Hamas cuando Israel toma al movimiento islamista como cabeza de turco.

Israel no ha encontrado la forma de exigir un precio a las organizaciones salafistas, que están pisándole los talones a Hamas en Gaza. Son todavía muy pequeños y carecen de una infraestructura, bases o puestos militares fijos. Un agente de los servicios de inteligencia israelíes, que habló con Al Monitor en condiciones de anonimato, dijo que estos grupos probablemente solo tienen unos pocos comandos y unos círculos de simpatizantes de varios centenares. Así que Israel no tiene más remedio que ir en contra de sus propios intereses y ajustar cuentas con quien considera que es el único poder soberano y agente estabilizador de Gaza: Hamas. De esta forma, Israel perpetúa el régimen de Hamas.

En estas circunstancias, las efímeras organizaciones salafistas se encuentran en una curiosa posición de influencia: a través de una cadena de acontecimientos que no son imposibles, son (teóricamente) capaces de arrastrar a Israel y Hamas a una confrontación que ninguno de estos quiere. Este sirimiri de cohetes, que últimamente ha aumentado ligeramente, rompe el delicado equilibrio que se ha mantenido sobre el terreno desde la operación Margen Protector. Con este equilibrio, Israel ha aprendido a vivir con Hamas y viceversa.

En los dos años que han pasado desde la campaña Margen Protector, Israel ha mejorado notablemente sus capacidades de obtención de información sobre lo que pasa en la Franja de Gaza (por ejemplo, sobre la construcción de túneles de Hamas). El año pasado surgió un nuevo modus operandi israelí en relación a sus respuestas al lanzamiento de cohetes desde la Franja de Gaza. La última vez que se disparó un Qassam contra Israel (el 21 de agosto), la venganza israelí fue inusualmente dura: su fuerza aérea atacó una serie de objetivos estratégicos de Hamas en Gaza. Según un oficial de alto rango de las FDI, que habló en condiciones de anonimato, el ataque “causó graves daños” en algunas de las “importantes capacidades estratégicas” de la organización. Otra ronda de represalias, con esos mismos criterios, tuvo lugar la semana pasada.

La censura militar no permite la difusión de detalles sobre qué atacaron las FDI exactamente en la zona de Beit Hanún de la Franja de Gaza. Sin embargo, sabemos que la fuerza aérea arrojó una gran cantidad de bombas en un lugar determinado que era de importancia estratégica para Hamas. Inmediatamente después de este ataque, Israel perdió un avión F-16 que no pudo aterrizar en su base del Neguev y uno de sus pilotos murió.

Al final de esta nueva ronda de ataques, Israel fue el primero en parpadear y su respuesta al segundo cohete fue mínima. El todavía nuevo ministro de defensa, Avigdor Lieberman (nombrado a finales de mayo), pronunció un discurso en la noche del 6 de octubre en una ceremonia de graduación de las FDI. Su mensaje a Hamas fue confuso, pero básicamente conciliador: “No buscamos tensiones y nadie quiere una escalada con Hamas en la Franja de Gaza, pero persistiremos en la defensa y la seguridad de los ciudadanos israelíes y en eso no habrá ningún compromiso”. Así pues, según Lieberman, “Hamas es quien gobierna en la Franja de Gaza […] Cuando quiere lograr o impedir algo, sabe cómo hacerlo. Por consiguiente, debe ser más duro con los delincuentes”.

Hace solo unos meses, el mismo Lieberman habría reaccionado más enérgicamente tras cada cohete y habría exigido que las FDI abandonara la pasividad y actuara inmediatamente: invadan Gaza, conquístenla y echen abajo el régimen de Hamas. El cambio del nuevo ministro de defensa es radical y ha sido cubierto por la prensa. Pero la prudente y razonable postura de Lieberman, concebida para poner fin a la limitada ronda de violencia lo antes posible, demuestra a las claras un hecho por encima de todo lo demás: que Lieberman ha llegado a reconocer las limitaciones del poder.

* Ben Caspit es analista político y columnista de “Israel Pulse” de Al Monitor y de varios periódicos israelíes. En Twitter: @BenCaspit

Fuente: Has Israel’s defense minister given up on toppling Hamas?

Traducción: Javier Villate (@bouleusis)

N. del T.: No comparto la visión general del autor del artículo. En particular, tampoco comparto la calificación de Hamas como organización terrorista, ni la preocupación unilateral del autor por los daños materiales y humanos de los cohetes “palestinos” en las personas y propiedades israelíes que se califica con la nula preocupación por los daños materiales y humanos de las bombas israelíes en las personas y propiedades palestinas. Tampoco comparto su cínico análisis sobre la “paz y tranquilidad” que reina en Gaza y su entorno, toda vez que, desde el final mismo de la operación Margen Protector, las fuerzas israelíes terrestres y navales no han dejado de atacar, un día sí y otro también, a los palestinos. Nunca ha habido “paz y tranquilidad” para los palestinos de Gaza. ¿Por qué, entonces, traduzco y publico este artículo? Porque, además de que sirve para conocer cómo analiza una “paloma” israelí la situación, es interesante el análisis que hace sobre el giro político de Israel con respecto a Hamas. No estoy diciendo que sea un análisis correcto, pues creo que es prematuro juzgarlo, pero sí que es interesante.

Javier Villate

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