Hablemos de lo que dice la resolución de la UNESCO y no de lo que no dice

La discusión sobre la la declaración de la UNESCO sobre la ausencia de vínculos del judaísmo con el Monte del Templo (Haram al Sharif) está siendo explotada para distraer la atención de las violaciones del status quo cometidas por Israel y de las restricciones del acceso de los palestinos y musulmanes al lugar sagrado
Fieles palestinos musulmanes rezan sus tradicionales oraciones del viernes en una calle fuera de la Ciudad Vieja de Jerusalén, mientras la policía israelí les impide el acceso a la mezquita Al Aqsa, el 17 de octubre de 2014 (Foto: Activestills.org)

Tom Pessah / +972, 14 de octubre de 2016 — Para Netanyahu y buena para parte de la prensa israelí y judía, el antisemitismo es un truco empleada para seducir al personal. Basta mencionarlo y puedes garantizar que la indignación emergerá casi automáticamente. Al igual que los anunciantes puede evitar hablar acerca de por qué es caro un coche mediante el uso de imágenes eróticas o, incluso, empleando la palabra ‘sexo’ para venderlo, el gobierno israelí puede eludir cuestiones difíciles sobre su política “antisemitizando” a aquellos que las plantean.

Este jueves, la UNESCO ha aprobado una resolución sobre los lugares sagrados del islam en Jerusalén. Tras “afirmar la importancia de la Ciudad Vieja de Jerusalén y de sus murallas para las tres religiones monoteístas”, la resolución pide el restablecimiento del preexistente status quo sobre “la mezquita Al Aqsa, Al Haram al Sharif y sus alrededores”.

La resolución señala que Israel está violando la libertad de culto de los musulmanes al obstaculizar su acceso a la mezquita de Al Aqsa; “deplora las continuas incursiones violentas” de la Explanada de las Mezquitas por parte de ultraderechistas y fuerzas uniformadas israelíes; lamenta las detenciones y los ataques contra fieles musulmanes en la mezquita, y “expresa su pesar por los estragos causados por las fuerzas israelíes, especialmente desde el 23 de agosto de 2015, a las puertas y ventanas de gran valor histórico de la mezquita Al Qibli, en el interior del recinto de las mezquitas. Por último, reafirma, en este sentido, la obligación de Israel de respetar la integridad, autenticidad y patrimonio cultural de la mezquita Al Aqsa y Al Haram al Sharif como lugares santos musulmanes de culto y como parte integral de un lugar que es patrimonio cultural de la humanidad, tal como se aceptaba en el status quo histórico”.

En un universo paralelo, el primer ministro israelí podía haber prometido hacer más para garantizar la libertad de culto de los musulmanes y asegurar ante el mundo musulmán que Israel no está tratando de dañar la mezquita. Estas son cuestiones reales e importantes. Sin embargo, la reacción de Netanyahu fue otra: “decir que Israel no tiene ningún vínculo con el Monte del Templo y la Muralla Occidental es como decir que China no tiene nada que ver con la Gran Muralla de China y que Egipto no tiene nada que ver con las pirámides”.

En la resolución de la UNESCO no hay nada que invalide o niegue la relación de los judíos con el Monte del Templo: este vínculo no se discute en ninguna parte de la resolución, de forma positiva o negativa. No se menciona porque la resolución trata del daño que Israel está causando al lugar santo musulmán, a la mezquita Al Aqsa. Más allá de esto, no existe ninguna valoración general ni rechazo de los vínculos de ninguna religión con el lugar en cuestión, aparte de la afirmación de “la importancia de la Ciudad Vieja de Jerusalén y de sus murallas para las tres religiones monoteístas”.

¿Podía la resolución haberse adelantado de alguna forma a las reacciones negativas con una mención simbólica del término ‘Monte del Templo’ o reconociendo que es también un lugar santo judío? Quizá, pero esa no es la cuestión.

Netanyahu ha tergiversado las cosas y periodistas israelíes de todos los colores se han apresurado a difundir la mentira. Citando a una fuente diplomática israelí, el periódico Haaretz resumió la resolución como “antiisraelí” y dijo que “desprecia los nexos históricos del judaísmo con el Monte del Templo y pone en duda el vínculo del judaísmo con la Muralla Occidental”. Ni una palabra sobre las restricciones que Israel impone al acceso al lugar de los musulmanes ni a su derecho al culto, que la resolución plantea con cierto detalle. La información del Haaretz también asumió que la resolución hacía referencia a la Muralla Occidental, aunque lo cierto es que solo menciona la “Plaza de la Muralla Occidental”, construida en 1967 tras la expulsión de los residentes de lo que había sido el Barrio de los Magrebíes durante casi ocho siglos. (El nombre oficial israelí de la plaza es escrito entre comillas en la resolución, que define correctamente a Israel como potencia ocupante que está obligada a salvaguardar el patrimonio cultural de las áreas que ocupa. Ningún país ha reconocido hasta el momento la anexión de Jerusalén Este por Israel, un área que incluye la Ciudad Vieja, la Muralla Occidental y Haram al Sharif o Monte del Templo.)

La tergiversación afectó incluso a Zehava Galon, líder del partido de izquierda Meretz. Reproduciendo la foto del Haaretz en su página de Facebook, Galon escribió que la UNESCO “no puede borrar años de historia judía”. El presidente israelí Rubén Rivlin respondió afirmando que “ningún foro ni organismo mundial puede decir que no hay ninguna relación entre el Pueblo Judío, la Tierra de Israel y Jerusalén”, reaccionado una vez más a una declaración que nunca se hizo. Y así una y otra vez.

Más importante todavía es que toda la discusión se centró en algo que la UNESCO no tiene poder para hacer: no tiene poder para anular los vínculos de los judíos con Jerusalén ni con ningún lugar sagrado, aunque quisiera. El poder del mundo real para dar forma al status quo de Jerusalén está en manos de Israel únicamente, no en las de la UNESCO. Es en lo que hace Israel con ese poder en lo que deberíamos centrarnos.

¿Hay una moraleja en esta historia? Quizá la lección sea que al igual que los usuarios tienen libertad para hacer click o no en un anuncio de internet, en esto también tenemos libertad de elección. No estamos obligados a hacer click en un enlace que dice SEXO con letras mayúsculas. Y no tenemos por qué ayudar a propagar las mentiras de Netanyahu, que, como es habitual, solo tienen la intención de desviar la atención de los daños físicos y reales que la ocupación está causando.

Tom Pessah es sociólogo y activista.

Fuente: Let’s talk about what UNESCO resolution does say instead of what it doesn’t | +972 Magazine

Traducción: Javier Villate (@bouleusis)

Javier Villate

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