Obligada por Israel

Israel impidió a Samira, esposa de Ahmed Natat, viajar para recibir tratamiento médico para su cáncer de colon porque su marido, cuyo nombre aparecía en su carné de identidad, era un "terrorista". (Foto: Maram Humaid)

Maram Humaid

A Samira Shawamreh el tratamiento del cáncer le costó el divorcio.

En 2014, le diagnosticaron un cáncer de colon. Para su tratamiento tenía que viajar regularmente entre Hebrón, donde ella vivía entonces, y los hospitales de Jerusalén y Beit Yala, en Cisjordania.

En sus desplazamientos a estos hospitales, era frecuentemente retenida en los puestos de control del ejército israelí. A veces, pasaban horas antes de que le permitieran seguir su camino. Pero llegó un día en que le dijeron que ya no podría pasar nunca más el control.

Los soldados israelíes le dijeron que en su carné de identidad tenía el nombre de un "terrorista". El nombre en cuestión era el de su marido, Ahmed Natat.

En 2011, Ahmed fue detenido por las fuerzas israelíes en la frontera de Allenby, de Cisjordania con Jordania.
Ahmed fue interrogado durante más de 60 días. Le acusaron de implicación en la resistencia armada contra la ocupación israelí cuando vivió en Cisjordania. Le acusaron también de llevar a cabo ataques "terroristas" y de colaborar en otros, así como de negarse a dar información cuando le preguntaron por personas buscadas por Israel.

Fue condenado. Inicialmente, le sentenciaron a ocho años de cárcel. Pero después de que su abogado apelara la sentencia, esta quedó reducida a dos años.

Una experiencia terrible

Samira sufrió lo indecible en los puestos de control israelíes. "Ni siquiera podía tenerme en pie", dice.

Para terminar con esta horrible experiencia, Samira tenía que hacer desaparecer el nombre de Ahmed de su carné de identidad. Tenía que divorciarse.

"La decisión de divorciarme fue la más dura que he tomado jamás", dice Samira por teléfono. "Pero me vi obligada a ello debido al empeoramiento de mi enfermedad".

Samira, que tiene ahora 37 años, y Ahmed, de 38, se conocieron en Ramala, una ciudad de Cisjordania. Ahmed creció en Gaza y se trasladó a Ramala en 2000 para buscar trabajo. Lo encontró en un supermercado, donde conoció a Samira. Se casaron en 2001.

Cuatro años más tarde, Ahmed y Samira se fueron a vivir a Gaza. Samira empezó a tener dolores de tripas en 2009. Le intervinieron quirúrgicamente en un hospital de Gaza, pero tras ello su salud empeoró.

Imposible viajar

Así las cosas, intentaron ir a Cisjordania para que le hicieran más pruebas y le pusieran un tratamiento. Tras muchos intentos, Samira consiguió un permiso de las autoridades israelíes para viajar. Pero se lo negaron a Ahmed.

La pareja tuvo que pasar los dos años siguientes separados. Ahmed siguió solicitando permisos para visitar a Samira, que entonces vivía en Hebrón. Pero Israel se los negó siempre.

En esta situación, Ahmed pensó en entrar en Cisjordania por otra vía, con la esperanza de reunirse con su esposa. Salió de Gaza por Egipto, viajó hasta Jordania y desde allí trató de entrar en el territorio palestino ocupado. Fue entonces, en el puesto fronterizo de Allenby, cuando los israelíes le detuvieron. Fue un mazazo.

Ahmed admite que escondió en su casa de Cisjordania a algunas personas de la resistencia armada en los primeros años de este siglo. Pero dice que él no participó directamente en acciones armadas.

"Las acusaciones que han lanzado contra mí en el tribunal israelí son falsas o exageradas", dice. Samira solo ha podido visitar a su marido tres veces desde que fue encarcelado por Israel. Cuando le liberaron, le deportaron a Gaza.

Cuando Ahmed se enteró del diagnóstico de su esposa y cómo Israel estaba impidiendo que recibiera tratamiento médico, llegó a regañadientes a la conclusión de que tenían que divorciarse. "Hice todo lo que pude para evitar llegar a ese punto", dice. "Pero ella necesitaba urgentemente ese tratamiento".

Tiempos difíciles

Samira dice que estar lejos de Ahmed le ha producido una mayor angustia durante el tratamiento. "No he podido tener a Ahmed a mi lado, apoyándome, en estos tiempos difíciles", afirma Samira.

Los dos siguen muy enamorados. A pesar del divorcio, hablan constantemente por teléfono. Ahmed ha guardado el número de Samira en su móvil con el nombre de 'Habibti', que significa "persona amada" en árabe.

Los últimos meses han sido especialmente duros para Samira, pues su madre, con quien vivía en Hebrón, murió recientemente.

"Me siento muy sola —dice Samira—. Espero poder reunirme con Ahmed. Pero es complicado volver a Gaza, porque no he terminado todavía mi tratamiento".

La pareja ha buscado la ayuda de los líderes políticos palestinos, de grupos de derechos humanos y del Comité Internacional de la Cruz Roja. Todos reconocen que están librando una ardua lucha para que les permitan vivir juntos.

Israel lleva décadas desgarrando familias palestinas. Desde 1988 ha restringido los desplazamientos entre Gaza y Cisjordania.

Estas restricciones se han vuelto más severas con el paso de los años. En la actualidad, la política israelí es que viajar entre Gaza y Cisjordania está permitido "solamente en casos humanitarios excepcionales, especialmente en casos de urgente necesidad médica". Israel no reconoce que las parejas casadas tengan derecho a vivir juntas.

Tras haber desaparecido el nombre de Ahmed de su carné de identidad, Samira puede atravesar más fácilmente los puestos de control israelíes.

"Puedo moverme libremente entre los hospitales de Jerusalén y Cisjordania —dice Samira—. He pagado un alto precio para conseguir esta libertad".

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Maram Humaid es periodista y traductora, y vive en Gaza.

Fuente: Forced to divorce by Israel, The Electronic Intifada, 1/11/2016

Traducción: Javier Villate (@bouleusis)

Javier Villate

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