Por qué apoya Estados Unidos a Israel

Un nuevo paquete de ayuda militar estadounidense inundará de miles de millones de dólares a Israel, pero no apoyará la democracia
Soldados de la Fuerza de Defensa de Israel durante un entrenamiento en 2014. (Foto: Fuerza de Defensa de Israel / Flickr)

Ryan McNamara / Jacobin, 18 de septiembre de 2016 — Si los tratados de ayuda militar de miles de millones de dólares sirven como medida del estado de sus relaciones, EEUU e Israel nunca han estado tan cerca como ahora.

La semana pasada, a pesar de un supuesto distanciamiento personal entre el presidente Barack Obama y el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, EEUU e Israel firmaron un acuerdo que contiene la mayor promesa de ayuda militar a un único país de la historia de Estados Unidos. El acuerdo proporcionará a Israel 3.800 millones de dólares (3.400 millones de euros) de ayuda militar anuales durante diez años, en comparación con los 3.100 millones de dólares (2.770 millones de euros) que se le ha venido otorgando en los diez últimos años.

Para justificar tanta generosidad, analistas y políticos han señalado la amenaza de un resurgimiento de Irán y el ISIS (Estado Islámico). En palabras de la consejera de seguridad nacional Susan Rice, el pacto “garantizará que Israel tiene el apoyo que necesita para defenderse”.

Sin embargo, los lugares comunes diplomáticos son menos ilustrativos que las declaraciones realizadas por Netanyahu hace un año en el parlamento israelí: “Me preguntan si vamos a vivir siempre por la espada”, dijo el primer ministro, y respondió: ”Sí”.

Israel está en un estado permanente de acción militar, permitido en gran parte por Estados Unidos. Solo en las 24 horas de las negociaciones en torno al nuevo paquete de ayuda militar, Israel bombardeó Gaza y anunció la construcción de nuevos asentamientos en la ciudad cisjordana de Hebrón. Se trataba de sendas demostraciones de fuerza, así como una consecuencia del apoyo de Estados Unidos.

Al igual que muchos políticos israelíes y estadounidenses, Netanyahu reconoce que Israel tiene que exhibir una abrumadora ventaja militar sobre sus vecinos con el fin de lograr sus objetivos. Anexiones, ocupaciones y bloqueos no se consiguen gratis.

Estados Unidos también obtiene algo con el acuerdo: el poder militar sin parangón de Israel le permite contrarrestar la influencia de otros países y fuerzas hostiles a la hegemonía estadounidense en la región.

El político israelí Yair Lapid fue bastante explícito en este punto en un reciente artículo publicado en Foreign Policy. “La cooperación de EEUU con Israel permite aplicar una política activa e influyente en Oriente Medio”, escribió, antes de añadir que Israel es “una base avanzada de Occidente en Oriente Medio”.

Desde luego, esto no es nada nuevo. El gobierno de EEUU ha pensado durante mucho tiempo que es prudente reforzar el poderío militar de Israel para promover sus intereses en Oriente Medio.

Desde 1989, Estados Unidos ha almacenado armas en Israel para su posible uso en conflictos en todo el Oriente Medio y Norte de África. Es la “base avanzada de Occidente” de Lapid. Además, EEUU concede a Israel el acceso a estos arsenales cuando sus fuerzas armadas se quedan sin existencias, como sucedió en la guerra del Líbano de 2006 y la agresión contra Gaza de 2014.

Mucho antes, cuando el presidente egipcio Gamal Abdel Naser lideraba el movimiento nacionalista árabe y desafió la influencia de EEUU y Occidente en la región, Israel demostró ser un bastión, infligiendo a Egipto una aplastante derrota militar en 1967. Unos años más tarde, en el clímax de la Guerra Fría, los israelíes robaron un radar soviético de Egipto en un importante golpe de los servicios de inteligencia. Y en 1970, cuando el gobierno de EEUU estaba preocupado por la guerra de Vietnam, pidió a Israel que concentrara sus fuerzas en la frontera siria para impedir que las tropas del régimen de Damasco detuvieran la masacre de Septiembre Negro en Jordania.

En los últimos años, Israel y EEUU han estado trabajando juntos para diseñar sistemas de defensa antimisiles, incluyendo la famosa Cúpula de Hierro israelí. El Pentágono ha encargado su propia versión de la Cúpula de Hierro para proteger sus “avanzadillas” en lugares como Afganistán. La compañía estatal israelí Rafael Advanced Defense Systems y el contratista privado estadounidense Raytheon han empezado, según algunas informaciones, a trabajar en el proyecto. En su campaña promocional, Raytheon se jacta de el “Tamir” —el interceptor de misiles que es lanzado por la Cúpula de Hierro— “es la única variedad probada en combate”. (Como reconoce Lapid, Israel proporciona a EEUU “una forma relativamente barata de chequear las armas más avanzadas en condiciones de campo de combate”.)

Raytheon no es el único contratista del departamento de defensa que se beneficia de las simbióticas relaciones de EEUU e Israel.

Washington dispensa su ayuda en forma de vales para las armas de las compañías de defensa estadounidenses, una forma eficiente de transferir el dinero público a Raytheon, Boeing, Lockheed Martin y demás. El nuevo acuerdo enriquecerá aún más a las compañías armamentísticas norteamericanas, pues el paquete remueve gradualmente una disposición en virtud de la cual se ha permitido al gobierno israelí convertir el 26 por ciento de la ayuda en shekels y subsidiar a su propia industria de defensa.

En todo caso, los sectores de la defensa de los dos países están estrechando cada vez más sus relaciones. Varias firmas israelíes, como Elbit Systems, han creado filiales en EEUU para optar a contratos con el gobierno de Washington.

Pero los regalos de la industria de defensa solamente endulzan el trato. Fundamentalmente, el pegamento que une a EEUU e Israel es su compromiso compartido con el mantenimiento del actual equilibrio de poder en Oriente Medio.

Y eso significa que Israel debe conservar su “ventaja militar cualitativa”, es decir, un equipamiento y una formación superiores a los de las otras fuerzas armadas de la región. El concepto está incluso escrito en la legislación estadounidense: la Ley de Control de Exportación de Armas obliga a que cualquier venta de armas a los vecinos de Israel “no debe afectar negativamente a la ventaja militar cualitativa de Israel”.

Tomemos, por ejemplo, el caso del avión de combate F-35 de Lockheed Martin. Considerado como el avión de combate más avanzado del mundo cuando se desarrolló, un montón de países a lo largo y ancho del planeta suspiran por conseguir este avión de 100 millones de dólares. Pero en Oriente Medio, Israel está el primero en la fila. Hablando en la Casa Blanca en abril de 2015, el vicepresidente Joe Biden prometió entregar el F-35 a Tel Aviv, “haciendo de Israel el único país de Oriente Medio que tenga este avión de quinta generación”. Así mismo, cuando EEUU modernizó la flota de aviones F-15 de Arabia Saudí, le prometió a Israel veinte F-35 adicionales, que supuestamente son mejores que los F-15.

Zeev Jabotinsky, uno de los padres fundadores de Israel y principal mentor ideológico de Netanyahu, comprendió muy bien todo esto. “Todas las poblaciones nativas del mundo resisten la colonización”, escribió en 1923 en un ensayo titulado The Iron Wall (El Muro de Hierro). “Eso es lo que están haciendo los árabes en Palestina y lo que seguirán haciendo mientras les quede una pizca de esperanza”. Así, seguía diciendo Jabotinsky, Israel debe construir su ejército para que no haya la menor esperanza de éxito para una resistencia armada.

Hoy en día, esta lógica se puede aplicar también a los vecinos de Israel, muchos de los cuales no están dispuestos a someterse a los designios de Tel Aviv. Se trate de la remodelación del Líbano, la anexión de los Altos del Golán o la expansión de los asentamientos y el establecimiento de facto del control de Jerusalén, Israel solo puede lograr sus objetivos si dispone de más y mejores medios de violencia.

El nuevo paquete de ayuda militar no fue ideado para proteger a los ciudadanos israelíes de sus “peligrosos vecinos” y tampoco es una señal del aprecio de Washington por la democracia. Solo sirve para facilitar la agresión israelí y para proyectar el poder de EEUU en la región y en el comercio mundial de armas.

Ryan McNamara es periodista independiente y vive en Nueva York.

Fuente: Why the US Backs Israel | Jacobin

Traducción: Javier Villate (@bouleusis)

Javier Villate

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