¿Qué hay detrás de las acusaciones de espionaje prosoviético de Abás?

Gideon Remez, uno de los investigadores israelíes que afirmaron que hay documentos de la era soviética que muestran que el presidente palestino Mahmud Abás trabajó para el KGB en los años 80, sostiene en sus manos una página que ha recibido después de que un archivista de la antigua KGB los sacara de contrabando de Rusia. Jerusalén, Israel, 8 de septiembre de 2016. (Foto: REUTERS / Amar Awad)

Adnan Abu Amer / Al Monitor, 15 de septiembre de 2016 — No es ningún secreto que las relaciones entre israelíes y palestinos han estado marcadas por la tensión desde mediados de 2014. En ese momento, las conversaciones para alcanzar una solución política llegaron a un callejón sin salida y quedaron suspendidas. Los israelíes renovaron con insistencia su acusación de que Mahmud Abás no era un socio para la paz y que había estado incitando a la violencia contra los israelíes.

La última acusación israelí contra Abás llegó en una información difundida por el Canal 1 de Israel el 7 de septiembre, en la que se decía que el presidente palestino fue un agente del KGB soviético cuando, en 1983, formó parte del comité central de Fatah. Según la información, el nombre de guerra de Abás era “Krotov” y fue reclutado durante sus estudios de doctorado en Moscú, llegando a trabajar como agente del KGB en Siria.

La alegación israelí provocó de inmediato reacciones de indignación de los palestinos y muchos políticos palestinos protestaron. En unas declaraciones hechas el 8 de septiembre a la Agencia France Press, el portavoz de la presidencia Nabil Abú Rudeineh dijo que la acusación israelí formaba parte de una campaña de desprestigio contra Abás, con el fin de debilitar la posición palestina.

Amín Makbul, miembro del consejo revolucionario de Fatah, dijo a Al Monitor que “las acusaciones contra Abás forman parte de una estrategia israelí que apunta a sus principios nacionales. Es, además, un componente de una generalizada campaña de desprestigio contra Abás, acusándole de no ser un socio para la paz, de que no está cualificado para llevar a cabo negociaciones con los israelíes y de que no representa a todos los palestinos. Seguramente, esta campaña contra el presidente palestino, que está basada en una información errónea, no afectará a la opinión que los palestinos tienen de Abás, sino que reunirá a los palestinos en defensa de su presidente.

Esta última acusación israelí contra Abás no ha sido la primera. En marzo, el periódico israelí Makor Rishon afirmó que los hijos de Abás eran ricos y le acusó de estar implicado en casos de corrupción. Según el periódico, los hijos de Abás son propietarios de varias compañías de telefonía móvil y distribución de cigarrillos, y han construido un imperio empresarial con la ayuda de su padre desde 2005.

A finales de junio, el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu emitió un comunicado en el que acusaba a Abás de antisemitismo y antijudaísmo, y en julio renovó sus ataques acusando al presidente palestino de difundir “libelos de sangre”. El 10 de septiembre, el ministro israelí de energía Yuval Steinitz dijo que Abás estaba promoviendo la “limpieza étnica” contra los colonos con sus llamamientos para que abandonen Cisjordania.

El director del Centro Palestino de Estudios Estratégicos (Masarat), Hani al Masri, dijo a Al Monitor que “las acusaciones israelíes contra Abás eran el producto de una estrategia del gobierno dirigida a presionar al presidente antes de eliminarle completamente de la escena palestina. Y, además, pretende chantajear a Abás para arrancarle más compromisos políticos con el fin de imponer los planes israelíes para una solución transitoria con los palestinos. Todo esto está retrasando la creación de un estado palestino y buscando la constitución de una autonomía como alternativa a la independencia, y obligando a los palestinos a reanudar las negociaciones con Israel sin condiciones previas”.

La acusación de que Abás fue un agente soviético coincide con el anuncio realizado el 27 de agosto por el ministro israelí de defensa, Avigdor Lieberman, de que había tenido negociaciones directas con personalidades palestinas sin coordinarlas con la Autoridad Palestina, lo cual puede ser visto como una nueva estrategia israelí para terminar con Abás. El 31 de agosto, Lieberman acusó a Abás de presidir un gobierno corrupto y llamó a los empresarios palestinos a deshacerse de él.

Hamas ha permanecido en silencio ante estas acusaciones. Al Monitor contactó con varios portavoces de Hamas, pero rehusaron hacer comentarios, sin más explicaciones.

Sin embargo, Ahmed Yusef, ex asesor político del vicepresidente del buró político de Hamas, dijo a Al Monitor que “estas acusaciones están preparando el camino para otras más en los próximos días. Israel quiere presionar a Abás y puede, incluso, contemplar la posibilidad de derrocarle, puesto que Israel cree que su control político está llegando a su fin y que es el momento de buscar a alguien que le sustituya, alguien que sea más flexible y más fácil de tratar con él. Lo que es notorio es que las acusaciones de Israel contra Abás coinciden con una campaña árabe contra Abás, por lo que su situación se está volviendo más difícil de manejar y se le está retratando como un gobernante débil. Si Hamas decidiera apoyar a Abás, solo lo haría después de que [Abás] buscara un acercamiento con la organización mediante un plan unitario para reunir más apoyos en defensa de la causa contra Israel”.

Las acusaciones de Israel contra Abás recuerdan a aquellas que hizo contra el expresidente Yasir Arafat. En enero de 2002, Israel acusó a Arafat de ordenar la compra de armas para luchar contra los israelíes.

Hay que recordar que en octubre de 2015, Netanyahu acusó al líder palestino Hach Amín al Huseini, muftí de Jerusalén entre 1921 y 1937, de inspirar a los nazis para llevar a cabo el Holocausto durante la Segunda Guerra Mundial.

Hablando en condiciones de anonimato, un ministro palestino dijo a Al Monitor que “la campaña propagandística israelí contra Abás no se detendrá en estas acusaciones de haber sido un espía soviético, pues tenemos información documentada sobre los planes de Tel Aviv para poner fin a su carrera política y destruir su reputación a los ojos de los palestinos. Lo peor es que la campaña israelí está siendo acompañada de una oleada de incitaciones contra él desde países vecinos —especialmente Egipto, Jordania y Emiratos Árabes Unidos— que quieren reemplazar a Abás con su archienemigo Mohamed Dahlan en la presidencia. Todo esto da más razones para creer que hay, ciertamente, una conspiración para deshacerse de él”.

Abás no podía imaginar que Israel decidiera un día eliminarle, sobre todo después de que le hubiera impuesto en la comunidad internacional y la administración de EEUU a expensas de su viejo amigo Arafat. La designación de Abás como primer ministro en 2002 fue un preludio de las maniobras para despojarle de sus poderes políticos, policiales y financieros antes de su muerte en noviembre de 2004, que según algunos palestinos fue, en realidad, un asesinato. En el caso de Abás, es probable que Israel recurra a debilitar su poder en la forma de una campaña de desprestigio antes de acabar con él para siempre.

Adnan Abu Amer es decano de la Facultad de Artes y director de la Sección de Prensa e Información de la Universidad de Educación Abierta de Al Umah, está especializado en historia palestina, seguridad nacional, ciencia política y civilización islámica. Tiene doctorado en historia política por la Universidad de Damasco y ha publicado varios libros sobre temas relacionados con la historia contemporánea de la causa palestina y el conflicto árabe-israelí. En Twitter: @adnanabuamer1.

Fuente: What's behind Israeli report claiming Abbas was KGB spy?

Traducción: Javier Villate (@bouleusis)

Javier Villate

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