Que no caiga la rama de olivo, para no olvidar

Rodrigo de los Reyes Recabarren / El Divisadero, 17 de septiembre de 2016 — Han transcurridos muchos años desde que el fundador de la Organización de Liberación Palestina, Yasir Arafat, “Abu Amar” uno de sus nombres de batalla, y quizás el más acertado, “Padre Constructor”, conmoviera al mundo con estas palabras “Hoy he traído una rama de olivo en una mano y un fusil de combatiente por la libertad en la otra. No permitan que la rama de olivo caiga de mi mano. Repito, no permitan que la rama de olivo caiga de mi mano….” 

Palabras desafiantes, pero que encerraban una  súplica. La larga súplica de la Nación palestina por el derecho a ser reconocidos como Estado, con territorio donde puedan vivir libres y soberanamente. Los Gobernantes de las naciones de la Tierra lo escucharon con silencioso respeto en la Asamblea General de las Naciones Unidas. Era Noviembre de 1974 y las luchas anticolonialistas de los Movimientos de Liberación Nacional de África, Asia y América Latina, despertaban las simpatías de los pueblos del mundo.

La histórica lucha del pueblo palestino ha tenido avances y retrocesos, claudicaciones, traiciones, escisiones, radicalización y transigencias, aliados inquebrantables por su causa y una lucha larga, que conoce de masacres, exterminio selectivo y campos de refugiados. En esa larga batalla han caído activistas del mundo entero. Es un proceso de mil batallas por la libertad que se levanta sobre los huesos y cenizas de cientos de miles de combatientes. La masacre en los campamentos de Sabra y Chatila, sigue siendo una herida abierta que golpea la conciencia digna de la humanidad. 

Recuerdo que en 1988 recién retornado a Chile, caminaba una tarde calurosa de verano santiaguino por la Alameda, cuando me llamó la atención una colorida y bulliciosa caravana de decenas de vehículos. Eran jóvenes palestinos, nacidos en Chile, ataviados con la característica kofia, portando banderas rojo, negro, blanco y verde, que se volcaron a las calles, para celebrar una de las tantas victorias parciales de la primera “Intifada” que había comenzado a fines de 1987. Se me apretó el corazón porque sentí que, al unirme a esos jubilosos gritos bajo la consigna de  “Palestina” también gritamos Otro Mundo es Posible! De ahí en adelante “levantar la cabeza” o conocida como “La Guerra de las Piedras” no paró hasta lograr los Acuerdos de Oslo, Noruega. Siempre sobre la base de cientos de miles de muertos, donde el pueblo palestino ha puesto la mayor cuota de sangre y dolor. El Gobierno de Israel, no así gran parte de su pueblo,  presiona para impedir el derecho histórico del Pueblo palestino a construir su vida institucional de pleno derecho y en sus territorios.

Cuando recuerdo los documentos, discursos y las propuestas de la Autoridad Nacional Palestina, y sobre todo la poesía de los niños palestinos, no puedo dejar de asociarlos con uno de los versos de nuestro poeta nacional “Mi casa sin puertas en la Tierra, las estrellas del mundo son mi patria.” Esa es la realidad del pueblo palestino. ¡Dios lo quiera! “Oj Alá” que la victoria del Pueblo Palestino no sea la del fusil combatiente, como tampoco la de Israel; que el tanque y la alambrada permitan que la sombra amable del olivar regrese. ¡Dios lo quiera! “Oj Ala” un futuro con niños palestinos e israelitas, árabes y judíos, corriendo libres, con sus banderas flameando, por las calles de Jerusalén.

Fuente: Que no caiga la rama de olivo, para no olvidar

Javier Villate

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