Un descanso de la guerra palestina

14 refugiados han sido acogidos en Gipuzkoa durante unos días gracias a un programa europeo
Amaia Elorza junto a parte del grupo de refugiados palestinos, el martes antes del acto en el gazteleku de Urretxu. (Foto: Javi Colmenero)

Alicia Zulueta / Noticias de Gipuzkoa, 13 de octubre de 2016 — Un grupo de catorce refugiados palestinos ha descansado de su realidad durante cuatro días en Beasain, donde por otra parte no han dejado de realizar actividades durante toda la semana en el marco de un programa europeo. Lejos de los controles militares, estos jóvenes de Cisjordania, que nacieron en distintos campos de refugiados, han comido pescado del cantábrico, han dormido en calma y se han maravillado con el verde del Goierri. Partieron ayer, pero han tenido la suerte de dar con una gran y “atípica” familia de acogida muy sensibilizada con su situación y que les ha adentrado de lleno en la cultura vasca.

“Les está gustando mucho, sobre todo esa tranquilidad de vivir en calma y en paz. Lo que más les llama la atención es poder moverse con libertad, porque allí cada 5 o 10 kilómetros hay controles militares”, explica Amaia Elorza, coordinadora de este viaje. Esta beasaindarra partió con 23 años al campo de refugiados Aida, ubicado en Belén, Palestina, para vivir “el conflicto de primera mano”. Encontró trabajo en una organización de derechos humanos y se le hizo “inevitable” quedarse. Elorza es quien mejor conoce a este grupo de palestinos, pues ella habita en el interior del campo de Aida, en un pequeño piso de alquiler.

Su familia y amigos conocen su vocación solidaria y este año, por segunda vez, se han unido a la causa abriendo las puertas de sus casas. “En Beasain hay siete familias acogiendo refugiados: mis padres, mis tíos, amigos de mis padres y amigos míos”, detalla Elorza. De hecho, cinco de estas familias, entre las que se incluyen sus padres, conviven en un gran caserío reformado. “En casa tenemos a los siete chicos, los más revoltosos, pero es gente muy educada”, añade Lurdes Arregi, madre de Amaia.

Visita en Semana Santa

Arregi ya conocía a algunos de estos chavales, porque en Semana Santa estuvo visitando a su hija en Palestina, por lo que el encuentro le creó “muchísima emoción”. “Es inevitable comparar cómo viven allí y el privilegio que tenemos nosotros. A veces no somos conscientes de vivir en este paraíso”, relata esta madre.

Los checkpoints, y la “humillación diaria” son ingredientes habituales en la vida de estos refugiados, que han nacido dentro de campos. Por eso, los anfitriones han tratado de hacer la estancia en el Goierri lo más cómoda posible. Entre las actividades, han recorrido Donostia, visitado un colegio donde han compartido juegos vascos y palestinos, y el martes organizaron una exposición de fotos y una charla en el gazteleku de Urretxu.

Además, el lunes cenaron en la sociedad Aizkorri Mendizale Elkartea de Beasain, donde el menú se compuso de pescado, porque “allí no tienen”. “Alguno me dijo que no comía pescado, pero de primero había canelones de atún y luego merluza rebozada. Se chupó hasta los dedos porque el pescado que había probado allí era infame y la merluza de aquí era fantástica”, recuerda Arregi.

“Les sorprende que sea todo tan verde, cuando allí es tan árido. Les parece un parque de atracciones y les llama mucho la atención que tengamos árboles frutales al rededor de casa como manzanos, nogales o higueras”, resume. La tranquilidad de no encontrar controles militares, ni de dormir “aterrado por si entran soldados en casa”, es un descanso para ellos. De hecho, les parece hasta “un placer despertarse con los lloros de los niños y no con los soldados”, bromea Arregi, que les ha visto “felices”.

Esta la segunda edición del programa financiado por la Unión Europea que les ha dado esta oportunidad. En total, 75 jóvenes refugiados participaron en talleres de derechos humanos, de estrategia política, de vídeo y fotografía con el objetivo de “crear cohesión entre comunidades de refugiados, luchas por sus derechos y formar a la juventud para que se conviertan en líderes de sus propias comunidades”, explica Elorza.

El programa culmina con este viaje de intercambio cultural por Europa. Los catorce jóvenes han visitado ya Madrid durante tres días, Valencia, Euskadi y ayer partieron hacia Bruselas para seguir con Holanda antes de volver a Palestina. A pesar de que para esta gran familia ha supuesto “un revuelo” la acogida de los refugiados, ya están planeando viajar a visitarles en Semana Santa.

Fuente: Un descanso de la guerra palestina. Noticias de Gipuzkoa

Editado por dnp

Javier Villate

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